¿Qué tienen en común una navaja suiza y un sistema empresarial heredado? En teoría, ambos pueden hacerlo todo, y precisamente eso es lo que los vuelve cada vez menos utilizables. Lo que en teoría parece una herramienta útil acaba siendo una navaja voluminosa sin una hoja lo bastante larga para cortar nada. Con los sistemas heredados ocurre algo parecido: hay multitud de funciones, pero ninguna es exactamente la que hace falta para el trabajo.
Una evaluación reciente de uno de estos sistemas reveló un patrón que a muchas organizaciones les resultará familiar. Lo incómodo del caso: nadie cometió ningún error. Todo empezó con una buena idea, que se convirtió en una prueba de concepto pensada para convencer a un cliente. En lugar de sustituirla, el equipo convirtió esa prueba de concepto directamente en el sistema de producción. Cada nuevo cliente traía nuevos requisitos. Cada decisión tenía sentido por sí sola.
Y sin embargo, quien mire el sistema hoy apenas puede reconocer la idea original.
Esta es la paradoja de muchos sistemas heredados. No fue la negligencia lo que los llevó a este punto, sino todo lo contrario: sentido de la responsabilidad, orientación al cliente y pragmatismo. Aun así, en algún momento los equipos terminan con un sistema que apenas pueden explicar ellos mismos. Eso no es un fracaso técnico. Es una señal estratégica.
He visto este patrón en muchos proyectos, en distintos sectores y con empresas de distintos tamaños, pero siempre con la misma estructura de fondo. El problema rara vez es técnico. Es un problema de producto.
Lo que vino después era previsible. El sistema apenas podía escalar a nuevos grupos de usuarios. En su lugar, el equipo introdujo soluciones provisionales, integró parches codificados de forma fija y cerró brechas de seguridad con arreglos temporales, cada vez con más esfuerzo manual y menos transparencia.
Las consecuencias concretas:
El núcleo del problema era la ausencia de una visión de producto compartida. Los nuevos requisitos se implementaban de forma reactiva. Los roles, los permisos y las estructuras organizativas seguían evolucionando, pero sin un modelo global que guiara esa evolución.
La respuesta obvia es identificar los puntos débiles y solucionarlos lo antes posible. Pero los parches técnicos eliminan síntomas, no causas de fondo.
Incluso una plataforma completamente nueva desarrollaría los mismos problemas con el tiempo si las cuestiones organizativas de fondo siguen sin resolverse:
El equipo optó deliberadamente por un enfoque de mejora estructurado en lugar de un reinicio radical. Este es el camino que seguimos en Mimacom.
| Fase | Qué se consigue |
|---|---|
| Eliminar riesgos de seguridad | Estabilización inmediata, sin más parches de emergencia, sin accesos sin control |
| Depurar el modelo organizativo | Las realidades funcionales vuelven a reflejarse correctamente |
| Simplificar el modelo de roles | Los usuarios obtienen exactamente los permisos que necesitan para su trabajo, ni más ni menos |
| Establecer gobernanza | Unas reglas claras evitan que los nuevos requisitos vuelvan a socavar el modelo |
| Afinar la estrategia de producto | Solo entonces tiene sentido un rediseño estructural más amplio |
Este tipo de trabajo no es solo un problema tecnológico. Requiere personas que combinen pensamiento de producto, comprensión organizativa y experiencia técnica. En Mimacom los llamamos Digital Consultants, y eso es justo lo que hacen cada día: ayudan a las empresas a aclarar qué es su producto, a quién sirve y cómo debería evolucionar desde el punto de vista estratégico.
Detectamos pronto que nuestros clientes necesitan algo más que capacidad de desarrollo. Necesitan un asesoramiento que conecte tecnología y estrategia de producto, y que tenga la confianza para decir cuándo un parche técnico no es suficiente.
Después de muchos años trabajando en proyectos de digitalización y transformación, estoy convencida de que la falta de estrategia de producto es uno de los problemas más comunes y más costosos en los sistemas heredados. Y también es un problema que se puede resolver, si empiezas por el lugar correcto.
La buena noticia: no hace falta un big bang.
Un punto de partida pragmático, que pasa por depurar la estructura, definir responsabilidades claras y construir una visión de producto compartida, ofrece resultados medibles con rapidez y sienta las bases para un desarrollo sostenible.
Si te sientes identificado con este patrón, habla con nosotros.